PÁGINA DE RAFAEL ROFES PÉREZ, PERIODISTA, NARRADOR Y COMENTARISTA DEPORTIVO

2008/07/04

¿Quién fue el show-man del deporte en Cuba?

Rafael Rofes Pérez

El deporte es salud y vidaEl 26 de agosto del 2004 murió en La Habana Armandito el Tintorero, el aficionado por autonomasia del béisbol en la Isla. Al menos la muerte tuvo el tacto de dilatar su nefasta misión hasta que los cubanos conquistaran en Atenas su corona olímpica.

Tuve el privilegio de entrevistarlo poco tiempo antes de que se
deteriorara su estado de salud, precisamente en su "casa", el estadio Latinoamericano de la capital cubana. Por tal motivo me gustaría compartieran conmigo este pequeño homenaje a este sencillo hombre de pueblo.

Sepan que Armandito falleció consciente de que su país volvía a mandar en el béisbol, la pasión de su vida.

Durante casi cuatro décadas Armando Luis Torres Torres imperó en la banda de tercera del mítico estadio Latinoamericano, donde su vozarrón y sus gafas de miope condimentaban cada partido, sin importar el nivel de las novenas en acción.

Desde 1968 nadie pudo sentarse en el segundo puesto de la séptima fila entre el home y el jardín izquierdo: el asiento pertenecía a Armandito, que rodeado de sus acólitos ejercía su ministerio de aficionado irreductible.

Por su persistencia y dedic
ación, Aldo Notari, presidente de la Federación Internacional de Béisbol por aquel entonces, le entregó una placa conmemorativa creada especialmente para él en Italia, y que desde entonces distingue su asiento.

Poco antes de morir confesó que recibir aquella placa, ante 30 mil aficionados que lo ovacionaron como a un líder, sobresalió entre las emociones más fuertes de su dura vida.

Pasó sus últimos meses quejándose de dolores en las piernas y afecciones cardiacas.

Sus postreras alegrías se las concedió el equipo de sus amores, el capitalino Industriales, que ganó dos campeonatos nacionales de forma consecutiva, la última de ellas en su sede del Coloso de la barriada del Cerro.

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ARMANDITO “EL TINTORERO”

AFICIONADO NÚMERO UNO DE LA PELOTA CUBANA

Rafael Rofes Pérez

rofillo@yahoo.com.mx



“¡Vamos chico, pégale fuerte a la bola, que con la de tercera ganamos!”. Al momento, el bateador empuja la de la victoria de Industriales, la de Cuba..., y se estremece el graderío del estadio Latinoamericano de la capital cubana. El festín es dirigido, desde hace más de 30 años, por un inquieto “personaje” enamorado del béisbol, a quien siguen miles y miles de aficionados, todos bajo su batuta, cual fiel director de orquesta.

¿Quién no conoce en el mundo de las bolas y los strikes en la mayor Isla de las Antillas a Armandito “El Tintorero”? Este hombre de pueblo recibió en la XXXV Copa Mundial de Béisbol, celebrada en La Habana, el segundo gran regalo de toda su vida, precisamente por dar apoyo al espectáculo beisbo
lero desde el graderío.

“Óigame, no es igual dar ánimo o aplaudir a un pelotero, que sentirlo uno en carne propia, créame. El haber recibido una placa de reconocimiento de manos de Aldo Notari, presidente de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF), confeccionada en Italia exclusivamente para mí, y ante más de 30 mil espectadores, todavía me tiene emocionado.

“Esto es lo más grande que me ha sucedido, al igual que cuando el Presidente Jefe Fidel Castro me

invitó para asistir a Baltimore, en 1999, al tope entre los nuestros y los Orioles.”

Sobre este viaje a los Estados Unidos rememora: “Fue otra alegría indescriptible. Al salir, Fidel me dijo que yo era el presidente de la Comisión de Embullo, y recuerdo que le respondí que pondría bien alta la bandera que siempre llevo en mi corazón. Allí confié también en la victoria.

“Me gusta mucho la pelota y conozco los resultados de cualquier equipo en el mundo, pero jamás pensé que pudiera presenciar un juego entre una
novena cubana y otra de las Grandes Ligas en su propio estadio. ¡Qué más le puedo pedir a la vida! Después de estas dos grandes satisfacciones, puedo morir tranquilo”.

No sólo en el estadio Latinoamericano, sino en otras instalaciones deportivas de La Habana, Armando Luis Torres Torres trocó sus apellidos por el de Tintorero. Lo que muchos no saben es que, antes, sus nombres iban acompañados de Valdés Valdés. Porque, nacido el 27 de diciembre de 1939, quedó huérfano muy pequeño y pasó toda su niñez en una Casa de Beneficencia.


La garganta de Armandito es privilegiada. Desde 1966 anima a sus equipos. Empezó dando aliento al Habana; en 1968, el Comandante Oscar Fernández Mell le solicitó que lo hiciera también con Industriales (novena de la capital cubana), pues tenía muchos aficionados, y así lo hizo.

Hace 35 años se sienta en el mismo lugar en el parque insignia de la pelota en Cuba, el mencionado Latinoamericano: séptima fila, segundo puesto, entre home y tercera; la butaca tiene una placa que identifica quién es el dueño. Silvatos, gritería y sus eternos seguidores, 56 de los cuales conforman la Peña a la cual dirige, condimentan cada juego.

Siempre hay una iniciativa y basta un gesto para que su “equipo coja la seña”. La barrida, con su escoba; el tun turun tun para quienes deben cargar los bártulos; conteo hasta 10 para el lanzador explotado, una bullita, y muchas cosas más. Su presencia se hace, sin lugar a dudas, indispensable.

Lo de Tinto
rero surgió a partir de 1970, cuando comenzó a trabajar en la tintorería La Cubana, centro en el cual se mantiene laborando como jefe de brigada.

Acerca de la participación de Cuba en los eventos internacionales del 2003, sonríe y exclama: “¡No es fácil vencernos! Ganamos de manera convincente los tres torneos más importantes del año: los XIV Juegos Deportivos Panamericanos de Santo Domingo, en República Dominicana, la XXXV Copa Mundial efectuada aquí en La Habana, y el Preolímpico de Panamá, ...y eso que casi todos los equipos incluyeron a jugadores profesionales en sus filas.


"Se demostró una vez más que Cuba tiene calidad suficiente para batirse de tú a tú con cualquier novena, y que de seguro recuperará el cetro olímpico este año en la cita de Atenas.”

“¡Ah!, por cierto, periodista, sería realmente lamentable que los intentos por excluir al béisbol en próximos años del calendario olímpico, se concreten, pues este deporte, después del fútbol, es el que más llena los estadios en el mundo. Además, se juega en todos los continentes. Por eso los aficionados tenemos que apoyarlo cada vez más. No concibo una Olimpiada sin su presencia, y mucho menos si Cuba lograra algún día la sede, como bien merece.”

Gracias por visitar mi Blog.Vuelva pronto. Espero sus opinione-------------
¡JOSÉ MARTÍ ESCRIBIÓ DE DEPORTES!


RAFAEL ROFES PÉREZ
rofillo@yahoo.com.mx

José Martí, paradigma clásico de patriota, poeta y escritor, también pasó a la posteridad por su obra periodística, a través de la cual se convierte en un excelente cronista de la época que le tocó vivir.

Dotado de una técnica impecable y exquisita sensibilidad para los temas más sugerentes, fue capaz de llevar a su obra aspectos novedosos de aquel tiempo, entre los que incluyó de manera especial la ejercitación física.

Deportado por segunda vez en 1879 por conspirar a favor de la independencia de Cuba, Martí un largo exilio que lo llev
ó primero a España y más tarde a los Estados Unidos, estableciéndose en la ciudad de Nueva York.

Vinculado al Comité Revolucionario cubano de esa urbe,
comenzó a ganarse la vida como traductor y periodista. A tr
avés de su trabajo Martí informa a los pueblos de nuestra América sobre los elementos más importantes de aquella época, incluyendo el incipiente desarrollo de la Ejercitación Física organizada.

Es conocida en ese período una crónica escrita por Martí para el periódico La Nación, de Buenos Aires, en la que describe una pelea por el Campeonato Mundial de Boxeo donde se impuso el aún
recordado peso completo John Sullivan. A lo largo de la descripción Martí insiste en lo brutal de la pelea (se realizaba sin guantes y a larga duración), la salvaje reacción de los fanáticos y la falta de escrúpulo de los organizadores.
Sullivan, de origen irlandés pero radicado en Boston, era uno de los “personajes” de la época y Martí escribió sobre él en más de una ocasión. Incluso no dejó pasar por alto la oportunidad para criticar a la importante ciudad estadounidense por caer rendida ante los puños del boxeador: “Boston mismo, que de shaquesperiana y poética se aprecia; Boston, hogar de arte…! Boston mismo con su mayor a la c
abeza, ha subido a un estrado de púgiles, para ceñir al vientre de John Sullivan, campeón de lo peleadores, una faja de oro y diamante.”

Sin embargo el boxeo y Sullivan no fueron los únicos temas de la ejercitación física (aún no se utilizaba el término deporte) tratados por Martí, pues una reciente investigación del licenciado en Historia Ramón Guerra Díaz, refiere que el Apóstol escribió sobre varias disciplinas incluyendo el béisbol, fútbol, rugby, patinaje, datismo, polo, ajedrez, las carreras de premio y hasta el bádminton.

Martí conoce el béisbol en la ciudad de Nueva York, aunqu
e a esas alturas ya se jugaba en muchos lugares de Estados Unidos, pues no olvidemos que los norteamericanos lo practicaban oficialmente desde 1846, cuando en la propia urbe neoyorquina surgió el equipo de Los Knickerbockers.

No escribió artículos específicos sobre el béisbol, aunque sí hizo alusión a él en algunas de sus crónicas para los diarios americanos. En una de éstas escribió: “¿Qué peloteros ganaron, los de Nueva York, que tienen el bateador que echa la pelota más lejos, o los del Chicago cuyo campeador es el primero del país, encuclillado fuera del cuadro, mirando al cielo, para echarse con ímpetu de bailarín a coger en la punta de
los dedos la pelota que viene como un rayo por el aire?”.

Su conoci
miento del juego es tal que nos invita a buscar el resultado de un partido entre Nueva York y Chicago, destacando que los primeros poseen a un tremendo jonronero y los otros a un excepcional
receptor, muy hábil en la captura de los “flies”.

De haberse dedicado exclusivamente a escribir sobre deportes no hay dudas de que Martí también hubiera llegado a la inmortalida
d. A la belleza
de su pluma unió un poder de descripción realmente increíble.

Sin ser un buen narrador deportivo consiste en hacer que el lector u oyente capten los mayores detalles de lo ocurrido en una cancha, ¿qué decir entonces de este texto, donde Martí en artículo firmado en noviembre de 1884, alude a lo ocurrido en un partido de fútbol rugby entre las univers
idades de Princeton y Yale?

“Los de un bando se proponen entrar a punta de pie la bola al campo hostil: los d
e este deben resistirlo, y volver la bola al campo vecino. Este pega, aquel acude a impedir que la bola entre: uno se echa sobre la bola, los diez, los veinte, todos los del juego, trenzados los miembros como luchadores del circo, batallan a puño, a pie, a rodilla, a diente… y cuando se apartan del montón, el infeliz capitán de Yale, caída la mandíbula, apretados los dientes, lívido y horrendo, se arrastra por la arena hecho lodo… si el día no acabase, no cesaría… Yale vence.”

No podemos olvidar el contexto en que Martí se refiere a la ejerc
itación física. Aún no había sido creado el Comité Olímpico Internacional (COI, 1894), y en los Estados Unidos se abría paso el deporte profesional y espectáculos tan salvajes como las llamadas Carreras de Premio gozaban de gran popularidad.

Es Martí un defensor del deporte sano, y al igual que el Ba
rón Pierre de Coubertain, admiraba las tradiciones atléticas de la Antigua Grecia en las que estas competiciones eran un gran homenaje a los dioses del Olimpo y por ello debían ser limpias y con el único premio de la gloria espiritual y el reconocimiento social representado en la corona de laurel.

Por tal motivo Martí criticó duramente las antes mencionadas Carreras de Premio, en las que los “caminadores” estaban varias horas y hasta días corriendo por una bolsa de dinero: El abominable espectáculo servía además para enriquecer a inescrupulosos empresarios y apostadores: “No son estos caminadores como aquellos que se disputab
an el premio de correr en aquellas fiestas por una corona de laurel verde y fragante, o ramita de mirlo florecido, tal como había ocurrido en aquella garbosa lucha griega en que a los acordes de la flauta y la cítara, lucían hermosas fiestas panatenaicas sus músculos robustos y su destreza en la carrera los hombres jóvenes del ático.”

Martí, independentista por excelencia, siempre amó lo suyo y fue dura su crítica a los que prefieren lo extranjero a lo propio, los que reniegan de lo suyo para rendir culto a lo ajeno, aun en la actividad deportiva. Ese sentimiento lo dejó claro en un trabajo publicado en septiembre de 1885 donde reseña la regata por la Copa América entre los barcos G
enesta de Inglaterra y el Puritan de los Estados Unidos.

El certamen se celebra un año en aguas inglesas y otro en las norteamericanas, tal como ocurrió aquella vez: “Son unos señorines inútiles y enjutos, a quienes no se ve por las calles desde que venció el Puritan... la grandeza la tienen en casa y como buenos imbéciles
, porque es de casa desdeñan.”

Realmente son muchos los ejemplos con que pudiera ilustrar la obra de Martí en la esfera del periodismo deportivo, aunque no sol
o se refirió a los encuentros puramente competitivos. También escribió sobre la importancia de la ejercitación física en los niños y saludó con gran alegría la idea de la prá
ctica de la Educación Física en los colegios (entonces se llamaba Gimnasia Higiénica), así como entre las jóvenes de aquella época, pese al criterio de la oposición conservadora de creer que la mujer por su delicadeza no debía ejercitar su cuerpo.

Haber vivido en el país con mayor desarrollo del momento y en una época inmediata al comienzo de los Juegos Olímpicos de la era moderna, le dio a Martí la posibilidad de analizar las ventajas
del deporte, al tiempo que criticó con dureza los errores derivados del profesionalismo desmedido, crítica de gran vigencia en el que crece la comercialización y se deforma el fin del mismo como fuente de salud.
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